UNA DEMOCRACIA FRÁGIL: RELIGIÓN, LAICIDAD Y CLASES SOCIALES EN LOS ESTADOS UNIDO

Editorial:
MARCIAL PONS
Año de edición:
Materia
Democracia
ISBN:
978-84-9123-272-8
Páginas:
123
Encuadernación:
Rústica
Colección:
AUTORAL

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Presentación: estados unidos y la modernidad / Tomás Pérez Vejo

Introducción

Capítulo I. Religión y secularización en el siglo XXI

Capítulo II. Política y religión en los estados unidos. Entrevista a Denis Lacorne

Capítulo III. Los signos religiosos en el espacio público de los estados unidos de Norteamérica

Capítulo IV. Obama contra Romney: dos versiones del sueño americano

Capítulo V. Romney, el último discípulo de Samuel Huntington, o la muerte del «credo americano»

Capítulo VI. En los orígenes del multiculturalismo americano ¿pluralismo o Kultur Klux Klan?

Capítulo VII. La migración mexicana y las elecciones del 2016 en los estados unidos. Entrevista con Denis Lacorne

Capítulo VIII. Las elecciones presidenciales americanas: el gran vuelco

Las elecciones de 2016 permitieron constatar que hay dos Américas opuestas entre sí y distinguibles geográficamente: la América de las grandes ciudades contra la América rural y de las pequeñas ciudades industriales. Pero la diferencia es sobre todo cultural. Hay "dos pueblos que se enfrentan", dos concepciones antagónicas de la convivencia: los blancos "de cepa" de origen europeo que se sienten despreciados por las élites cosmopolitas y por los meritócratas de las grandes metrópolis de las dos costas. Estos últimos permanecen apegados a las formas más modernas de multiculturalismo, de políticas de género y de diversidad. Entre ellos se encuentran los menos religiosos de los americanos: el 36 por 100, de menos de treinta años y con más diplomas, se declaran "sin religión". Frente a ellos se encuentra la otra América, la de Donald Trump, el campeón (dudosamente religioso) de una América blanca y cristiana.

Por otra parte, la discusión sobre la identidad americana parece empalmarse con el debate alemán sobre la legitimidad de la Modernidad (H. Blumenberg, E. Voegelin, L. Strauss, J. Habermas…). Dicho en otras palabras, ¿debemos entender la democracia contemporánea como una simple traducción laicizada de valores religiosos con los que por ende se encontraría en deuda o, al contrario, podemos pensar en un mundo secularizado que surge y existe independientemente de los valores religiosos? Valga recordar que lejos de un Nietzsche obsesionado por la muerte de Dios, ya en la Antigüedad un Epicuro y un Lucrecio vivieron una suerte de ateísmo tranquilo que, por vías improbables, terminó por influir en personalidades como Jefferson. La respuesta que se dé en nuestros días a esta pregunta será en buena medida política, pero en ella deben jugar un papel importante, esperemos, los hechos históricos y los argumentos filosóficos.